La extraña saga del judío que salvó a 7,000 bebés.


Celebrada durante las sombrías profundidades de la Gran Depresión, la Feria Mundial de Chicago de 1933-34 fue una audaz celebración de potencial humano. El “Siglo del progreso”, como se la denominó, presentaba una exhibición fantasmagórica de ciencia e innovación, con deslumbrante arquitectura moderna y futuristas “hogares del mañana”, “autos de ensueño” y similares.

SAM BROMER

Sus diseñadores, sin embargo, no eran del todo ingenuos: muchas de las exhibiciones de la feria eran espeluznantes y suficientemente crueles como para hacer estremecer al público moderno. La pseudociencia de la eugenesia estaba descrita en un panel en la pared en el “Salón de la Ciencia”; en “Ciudad enana”, se exhibían artistas de baja estatura.

Sin embargo, la exposición más extraña de la feria podría haber sido una adornada con un gran letrero que decía: “Bebés vivos en incubadoras“. En un gran edificio de cemento, los visitantes podían caminar entre nítidas filas de incubadoras de vidrio que contenían docenas de recién nacidos pequeños y prematuros. Estos bebés estaban débiles, y algunos habían nacido con deformidades; si hubieran permanecido en los hospitales donde habían nacido, es probable que hubieran muerto. Sin embargo, afortunadamente para estos bebés y miles como ellos, un inmigrante judío llamado Martin Couney y su equipo de enfermeras se dedicaron a mantenerlos vivos, incluso cuando el establecimiento médico los había señalado como condenados.

Dawn Raffel, periodista, escritora de ficción y autora del próximo libro de no ficción “El extraño caso del Dr. Couney”, se encontró accidentalmente con la exposición de Couney en Chicago mientras investigaba la feria de 1933 para otro proyecto. Ella dice que su interés inicial en la feria fue impulsado por una fascinación con el optimismo que representaba un período histórico tan oscuro: “Era realmente extraño que al final de la Depresión, Chicago celebrara una feria. Y todo trataba de cómo la tecnología elevaría a la humanidad a un plano superior, lo que parecía una especie de cosa discordante cuando se piensa en la bomba atómica o el Holocausto“. Raffel dice que encontrarse con imágenes de las incubadoras en el transcurso de su investigación y analizando la historia detrás de ellas, le suscitó preguntas: ¿Por qué la gente deja a sus bebés con un showman o un charlatán? ¿Cómo podría estar pasando esto?

En el transcurso de varios años de investigación, Raffel desentrañó parte del misterio de Couney. Su verdadero nombre era Michael Cohn, y nació en Krotoszyn, Polonia, a fines del siglo XIX. Nunca obtuvo una licencia médica, y se entrenó con un famoso neonatólogo en Leipzig antes de llegar a los Estados Unidos. La feria de Chicago fue solo un pequeño momento en una vasta carrera dedicada a exhibir bebés junto a tragamonedas y espectáculos freak, en varias ferias mundiales y, durante décadas, en Coney Island y Atlantic City.

Lamentablemente, no todos estaban de acuerdo con los esfuerzos de Couney para salvar las vidas de bebés prematuros: Raffel señala que, a principios del siglo XX, “el movimiento eugenésico estadounidense atacaba a los recién nacidos con discapacidades graves“. Aunque no se vio afectado por esta ideología, Couney estuvo indudablemente expuesto a ella. Ya en 1900, Raffel señala que, mientras Couney exhibía en la Feria Mundial de Búfalo, “había una carta anónima escrita en una revista médica que decía: ‘No es una gran idea salvar a estos débiles’“. Este escritor de cartas anónimo no estaba expresando ideas particularmente radicales para la época: era común para los defensores de la eugenesia tomar esta postura inquietante. De hecho, la ideología de la eugenesia se podía encontrar en las mismas ferias mundiales en las que se exhibía Couney: “Veíamos concursos de ‘Mejor bebé’ en el recinto ferial“, dijo Raffel. “De la misma manera que solían calificar al ganado en la Feria Mundial, daban premios para la mayoría de los bebés ‘bien formados’“.

La última exposición de Couney fue en la Feria Mundial de Nueva York de 1939. Sorprendió a las multitudes con tecnología que podría salvar las vidas de bebés prematuros, mientras que en Europa el Partido Nazi luchaba por difundir una ideología genocida. Raffel escribe que los acontecimientos en Europa dejaron roto a Couney: “Por la noche – con los bebés de 1940 asándose en sus hornos – ¿para heredar qué clase de mundo? – iba a su jardín privado a llorar“.

Es posible que Couney no haya sido un verdadero médico, pero, como señala Raffel, tenía un “tremendo legado“. A lo largo de décadas de estas exhibiciones de incubadoras, salvó unas 7,000 vidas. Multiplícalo hoy, dice, y puedes encontrar que hay decenas de miles de personas caminando por la tierra que no estarían vivos sin su trabajo. Además, Couney tuvo un efecto importante en Julius Hess, un neonatólogo, a diferencia de Couney, un “médico de verdad“, considerado el padre de la neonatología estadounidense. Hess colaboró con Couney en sus últimas exhibiciones en la Feria Mundial, y de Couney aprendió mucho de lo que sabía sobre el cuidado de bebés prematuros.

Fuente:  Forward / Traducción: Silvia Schnessel / Reproducción autorizada con la mención: © EnlaceJudíoMéxico

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